domingo, 6 de marzo de 2011

QUIENQUIERA QUE SEAS

Dramaturgia y Dirección: Daniela Martín; Actrices: Eva Bianco, Analìa Juan, Estafanía Moyano, Melina Passadore, Maura Sajeva y Alicia Vissani; Música: Pablo Cáceres; Operacín Técnica: Emilio Díaz Abregú; Diseño de Luces / Puesta en Escena: Rafael Rodríguez; Diseño Gráfico: "Liminaresdiseño"; Diseño de Vestuario: María Paula Delprato; Realización de Vestuario: María Paula Delprato y Liliana Caldo; Peinados / Fotoghrafía: Paula Yalú; Diseño de Maquillaje: Adriana de la Vega Viale. Sala: DocumentA/Escénicas, sábados y domingos de febrero y marzo.

Al entrar a la sala uno advierte, inmediatamente, que el aire está imprgnado de sensualidad femenina, una sensualidad con mucho de erotismo. Las actrices están estáticas, excepto Alicia Vissani que apenas se mueve a través de pequeños gestos. Como espectador no pude dejar de captar esa sensualidad erótica que de todas y de cada una de ellas emanaba con sus maquillajes perfectos (cabe, para mí, destacar el maquillaje de Maura Sajeva-Blanche Dubois), y el vestuario que abarca las modas de principio, mitad y finales del siglo XX. La belleza, sensualidad y erotismo de todas las actrices, sumado al ambiente coronado con infinitas bombitas de luz que caen del techo, todas a la misma altura excepto las dos que caen sobre las mesas(donde se desarrolla la vida), confieso, lograron ponerme nervioso. ¡Y un hombre nervioso, es vulnerable!
Entonces Alicia Vissani, aprovechando esa vulnerabilidad del púbico, por lo menos del público masculino, se presenta como la regenta de ese bar en el que se desarrolla la acción y también como intermediaria entre las actrices, oficiantes teatrales, y nosotros, el público. Ella es el único personaje que dialoga con nosotros, el público, rompiendo la cuarta pared.
Y lentamente empieza el desarrollo a través de los diálogos y las acciones que van encarando estas seis actrices que, una vez más, demuestran que son de una solidez de formación y profesionalismo realamente destacable.
La mujer...., ¡qué cosa hermosa y extraña la mujer! Los conflictos que se van representando se encaminan, todos, a la desilusión acerca de la vida amorosa y sexual, a la soledad de los años, a la espera-búsqueda-depedencia del hombre (¿por la estructura judeo-cristiana de la sociedad machista?), en fin, tópicos que, más allá de la permanente lucha por la igualdad de géneros, tan de moda en este siglo XXI, se siguen viviendo.
Por eso, si en mis 63 años no logré comprender a la mujer, creo que, cuando terminé de ver Quienquiera que seas, quedé mucho más confundido. Porque los hombres solemos decir "si yo fuera mujer sería una puta, viviría cogiendo, les sacaría guita a los hombres y viviría como una reina". Y no es así, no lo es por muchos motivos, y realmente Daniela, Eva, Analía, Estafanía, Melina, Maura y Alicia, a través de este trabajo teatral, han hecho una síntesis de la situación de la mujer y nos muestran que esa era la situación de la mujer en el siglo XX, cuando Tennessee Williams, autor de referencia para la construcción de Quienquieras que seas, escribió las excelentes obras del teatro psicologista característico del siglo: la espera-búsqueda-dependencia del hombre por parte de la mujer. Y también de la violencia, ya sea por maltrato que por abandono.
Excelente trabajo y, personalmente siento un gran orugllo de ser cordobés y comprobar, permanentemente, que en mi teatro, el teatro de Córdoba, hay talento, idoneidad y excelencia.
A los integrantes de este Quienquira que seas, gracias, muchas gracias.
José Luis Bigi

jueves, 3 de febrero de 2011

DE PARADO

Presentador: Juan De Battisti; Monologos: Emanuel Rodríguez y Jorge Monteagudo; Lugar: Club Zorba, Carlos Paz, enero y febrero de 2011.

Este género que, últimamente, se ha dado en llamar "Stand Up", pero que tiene años de historia (en Argentina solíamos llamarlos "capocómico" o "monologuista"), baste sólo mencionar a Tato Bores a nivel nacional y a Raúl Ceballos a nivel local, necesita de ámbitos adecuados para ser representados, porque el espectador debe seguir el hilo del discurso ya que es lo único teatral del espectáculo. Y el Club Zebra no es el lugar indicado. Es una lástima que el espectáculo se realice mientras el público cena, porque cuando fui, éramos un grupo numeroso que queríamos gozar de lo que este equipo integrado por Emanuel, Jorge y Juan nos ofrecían, pero también era numeroso el grupo que sólo gozaba gastronómicamente. Baste con decir, a modo de anécdota que, cuando las miradas de varios de los que queríamos gozar del espectáculo eran de reproche a los que gozaban gastronómicamente, una de estas señoras nos dijo "yo vine a cenar y a charlar con mis amigos". Pero son cosas que pasan y que, por sobre todas las cosas, les confiere a Emanuel, Jorge y Juan un enorme valor agregado ya que no sólo dan batalla para que el teatro cordobés esté presente en Carlos Paz, sino que, además, demuestran que se divierten, que gozan haciendo lo que hacen.
Y a pesar de estar, yo, bstante molesto con los degustadores gastronómicos, tengo que decir que salí muy conmocionado del Club Zebra porque los tres responsables del espectáculo demostraron que son excelentes en la materia.
Juan, como presentador, tiene un histrionismo tal que logra que su presentación sea un monólogo mas. Ocurrente, profesional (en el sentido primigenio del término) y hábil para captar la atención del público, logra que incluso que los degustadores gastronómicos, por momentos, permanezcan en silencio y se interesen por lo que está ocurriendo en el escenario.
Jorge, con unos anteojos que lo asemejan a una caricatura, demuestra que tiene mucha calle recorrida en el rubro y capta con efectividad la atención de los espectadores. Y muy inteligentemente inicia su monólogo con una historia de Jesús y la Virgen María en el que ésta, en calidad de madre, manda al hijo a la penitencia en la cruz.
Emanuel, en cambio, nos ofrece una actuación más austera, pero un monólogo extremadamente inteligente. Aflora su condición de escritor; no sólo sus temas son de una gran ironía, sino que, además, están perfectamente estructurados a través de enlaces ocurrentes, profundos e inteligentes. Para mí, conserva esa condición de adolescente que, con total desparpajo, nos hacía reir tanto cuando leíamos Una piedra en el zapato, pero cuando aborda el tema político, advertimos que su capacidad de síntesis y su madurez son excelentes. Más allá de que uno acuerde o disienta con sus puntos de vista.
De Parado es un espectáculo necesario de ver y prometo que voy a volver a verlo, pero cuando lo hagan en un lugar más adecuado, tipo café concert, porque salí muy contento, muy conmocionado. Por eso, a Emanuel, Jorge y Juan les digo Muchas Gracias.

José Luis Bigi

domingo, 28 de noviembre de 2010

X-Equis, por grupo Ojo de Pez Teatro

En Escena: Marita Bussalino, Jorge Pacheco, Paulo Colina, Mariela Cervia, Luz Nani y Jimena Garrido; Dramaturgia, Concepción y Dirección: Jimena Garrido; Asistente de Dirección: Cristina Smargiassi; Diseño, Realización y Operación Sonora: Cruz Zorrilla; Diseño, Realización y Operación de Luces: Cristina Sargiassi; Diseño y Realización Esenográfica: Paulo Colina, Cruz Zorilla; Colaboración en Escenografìa: Daniel Marín; Diseño y Realización de Utilería: Lorena Stricker; Diseño y Realización de Vestuario: Adelina Coda; Diseño de Peinados y Maquillaje: Adelina Coda y Lorena Stricker; Modista: Cristina Rafaelle; Efectos Especiales: Hugo Arabel; Diseño Gráfico: Cristina Smargiassi; Dibujos: Paulo Colina; Producción General: Ojo de Pez Teatro. Sala: Teatro La Luna, sábados y domingos de noviembre.

Al entrar a la sala me llamó la atención la esenografía y la utilería tan realistas y tan sobrecargadas. Después entendí que habían recreado un depósito de una bulonería, y en un sótano.
Quizá por tratarse de un sótano y por el nombre del espectáculo X-Equis intuí que se trataba de un problema existencial ((X Man) y que me remitiría a Platón (aprox. 428-348 aC) y su Mito o Parábola de La Caverna, que aparece al principio del Libro VII de La República, en la que presenta una explicación metafórica de la situación del ser humano respecto del conocimiento. En ella, Platón nos muestra, haciendo alusión al esfuerzo de Sócrates por ayudar a los hombres a llegar a la verdad y a su fracaso al ser condenado a muerte.
Esta alegoría en la que se pone de manifiesto cómo los humanos podemos engañarnos a nosotros mismos por el entorno social oprimente, puede encontrarse también en autores como Calderón de la Barca en La Vida es Sueño, Adolfo Bioy Casares en La Invención de Morel, Aldous Huxley en Un Mundo Feliz, o en la trilogía cinematográfica Matrix.
El grupo Ojo de Pez Teatro en su espectáculo fue un poco más allá de la parábola platónica para exponer la tésis filosófica de Jorge Luis Borges manifestada en Tadeo Isidoro Cruz en la que advertimos que "La vida de un hombre se reduce a un instante, el instante en que advierte quién es". Y sin lugar a dudas, el grupo teatral presenta y asume  esa tésis filosófica.
En la obra,  Héctor de la Fuente y Federico Grandente llegan a la verdad pero fracasan por ser alcanzados por la muerte. La muerte física en el caso de Federico, la muerete espiritual de Héctor. Y cuál es esa verdad: sometidos por la opresión del entorno social se casaron y tuvieron hijos, pero se asumieron homosexuales y asumieron sus verdades demasiado tarde, lo que los llevó a la muerte. Y que la muerte es el final de todos está marcado por los apellidos: de la Fuente, Benavente, Torrente, Grandente..., muerte. La rima no es porque sí, sino que es una metáfora de la tésis socrática.
Toda la obra está impregnada de simbología sexual masculina: el negocio es una venta de "bulones", Federico ha muerto horadado (agujereado) por una "mecha" y "abulonado", Federico había sido elegido el empleado del mes "porque la tiene más grande". Eso nos permite colegir que Héctor también conoce el pene de Franco; entre sus dos empleados varones afirma que "Franco la tiene más grande".
Y que la obra iba a girar sobre la sexualidad y fundamentalmente sobre la homosexualidad se advierte desde un principio, cuando Franco llega primero y, estando él solo con Héctor, éste se le acerca suavemente desde atrás y le apoya los genitales (con la brgueta abierta). Franco reacciona, pero no es una reacción contundente sino más bien un "ahora no".
Pero no sólo Héctor y Federico vivieron una vida prestada, también los otros lo hacen. En el caso de Valeria, exesposa de Héctor y hermana de Manuela, recurre a la ceguera para enfrentar los momentos que la exponen a un límite; Manuela es una cantante frustrada y Franco tiene permanentemente un bastón que es lo que le permite no perder el equilibrio, no "caer". ¿Caer dónde? ¿En su verdadera sexualidad? ¿La que asumió cuando pudo comprar un R 12 tuneado y abandonar a su mujer? Un R 12 es un auto y un auto es del género masculino. Y entre su R 12 tuneado y su mujer, eligió al auto, olvidándose por completo de su esposa. ¿Y en qué momentos uno puede olvidar a un/a esposo/a? Caundo está teniendo un goce pulsivo como el orgasmo con otro/a. ¿Y su bastón, qué es? Una media mancuerna de las que se utilizan en los gimnasios para aumentar pectorales y brazos. ¿Por qué media? Porque tiene desarrollada una mitad masculina y la otra...? ¿Acaso femenina? Puede ser, todo puede ser en esta obra que se presenta en el Teatro La Luna.
El desenlace se produce a partir de la llegada de Clarisa, la que no tiene apellido, la que finge ser hija desesperada por encontrar la pieza que necesita la repisa del padre. Hasta que la encuentra, y qué encuentra, la mecha con la que fue horadado Federico. Y quién es Federico, el marido de Clarisa. Y quién es Clarisa, una mujer policía que dice estar buscando un asesino, el asesino de Federico, y parece que lo encuentra porque Valeria, la mujer abandonada por Héctor se declara culpable. Y qué hace Clarisa, se solidariza con Valeria por haber buscado recomponer su cuerpo, es decir, por pelear por ser lo que es. Y la invita a que escape, a que no abandone nunca su esencia, su ser. Y cuando Valeria se va, le dice a Héctor "nunca dejé de amarte". Pero enseguida regresa y sabemos que quien mató a Federico, el que hedía en el armario, fue Clarisa. ¿Y por qué lo mató? Porque Federico la destrozaba y necesitaba unir todos sus pedazos, todas sus piezas y ser ella misma.
Y cuando todos los espectadores creemos que llegó el final, los actores inician una danza en la que compendian todos los juegos realizados cuando buscaban al sucesor de Federico porque éste no había llegado a la reunión y Héctor "detesta el incumplimiento horario". Y esta danza es una especie de ritual de iniciación en el que hacen eje en "sé vos mismo, armá tus pedazos y viví tu propia vida, aunque esta sea una desequilibrada libertad".
Si esta obra no llegó, desde mi punto de vista, a una excelente apreciación, fue porque, a pesar del intenso trabajo que se advierte por parte de todos los integrantes del grupo, el mismo aprece como compuesto por actores en proceso de maduración, no solventes todavía. Por momentos, y estos momentos abundan, los actores parecen demasiado atados al texto y esto hace que no se vea, por parte de los espectadores, el goce que se supone que todo actor siente cuando está actuando frente al público. Pero seguramente esto se superará porque son todas personas muy jóvenes y, como tales, tienen posibilidad de avanzar, de llegar a ser actores que, sujetos a la letra, también goce lo que están haciendo. Por eso digo que no fue excelente, pero puedo afirmar que fue muy buena por el aplauso final de los espectadores.
Cuando hagan un nuevo trabajo, no dejen de invitarme porque anoche me dieron un momento placentero y el placer siempre es bueno, por lo menos para mí. Gracias
José Luis Bigi

domingo, 7 de noviembre de 2010

RELACIÓN DE, de Daniela Martín

Actores: Marcelo Arbach, Gonzalo Dreizik y Maximiliano Gallo; Escenografía, utilería, vestuario y luces: Rodrigo Cuestas y José Quinteros; Diseño de imagen: Emilio Díaz Abregu; Asistente de dirección y producción: Laura Ferreyra; Dirección: Rodrigo Cuestas. Sala: Azucena Carmona del Teatro Real. Jueves de septiembre y octubre.

Si no hubiera sido por el programa, hubiera creído que, al ingresar a la sala, estaban dos actores haciendo trabajo de calentamiento-relajación y un técnico terminando su tarea. Pero no se trataba de una cosa ni de la otra; los tres actores ya estaban en personaje y actuando. Me gustó.
La obra en sí de Daniela Martín es, en apariencia, simple, lineal. Pero lo es solamente en apariencia porque ese jugar a hacer teatro en el teatro, ese mostrar un ensayo (pero un ensayo con público; el técnico, cuando atienen el celular y cruza la escena adelante del público, se agacha y nos pide perdón) a una semana del estreno con la terrible histeria quasi maricona de uno (Maximiliano Gallo) y el aplomo del otro que permanentemente interrumpe el monólogo del primero (Marcelo Arbach) y la indiferencia del técnico (Gonzalo Dreizik) contiene una verdadera crítica a los hacedores de teatro ya que permanentemente muestra, por una parte, el exhibicionismo casi enfermizo de ambos actores y el menosprecio por el trabajo de los demás (ambos actores minimizan los monólogos del otro como así también las sugerencias), y por otra parte, la importancia de ver teatro. ¿Cómo, si no, se explica que el técnico sea el único que, sin necesidad de leer el libreto, porque lo sabe de memoria de tanto oirlo, pronuncie a la perfección el monólogo?
Los actores, alternándose, van tratando de decir sus monólogos, monólogos que están constriudos de modo inteligente porque combinan la forma del clásico parlamento de la tragedia griega con la temática de la conquista de América por parte de Europa. En este caso concreto, Hernán Cortés invadiendo México. Y claramente esta invasión se convierte en encuentro porque tanto la civilización española de la época como la azteca, eran muy desarrolladas y quien invede se convierte a su vez en invadido y el invadido en invasor, porque el cruce de influencias es mutuo, es simétrico en ambas direcciones; más allá de lo que digan los textos de historia que estudiamos en el secundario.
Y mientras los actores tratan de buscar la forma de decir sus monólogos, aclarando que lo hacen con ropa como para pasar el momento, porque después va a ser otra, demostrando la necesidad de transformación que siente el actor, el técnico, con indiferencia, va de un lado a otro y hasta deja olvidado su celular en el lateral opuesto de la escena, lo que nos permite, como espectadores, reir y gozar de las posturas histéricas del actor cuasi marica porque el técnico debe cruzar la escena para atender. Y después, como si estuviera solo, hablar tranquilamente con quien está del otro lado del teléfono que, por el contenido de lo que dice y por el modo de hacerlo, parece ser la novia. Lo que, sin luqar a dudas, nos dice que más allá del tiempo que actores y técnicos están en el teatro, cuando cambian la escenografía para insertarse en el mundo real, los hacedores de teatro son simples mortales como el almacenero, el médico o la cajera del supermercado.
El juego se repite hasta que la tercera vez que suena el teléfono, el actor histérico cuasi marica lo agarra y, con el teléfono en la mano, adquiere un poder increíble sobre el técnico. Bellísima metáfora del poder y de la dependencia que tenemos los humanos en la actualidad de ese objeto tan minúsculo.
Y la obra sigue hasta que ambos actores advierten que necesitan de un tercer participante porque siendo sólo ellos dos no saben darle forma al espectáculo. Y esta es también una bellísima metáfora para declarar lo que la autora piensa del teatro: un equipo donde unos escriben, otros actúan y otros se encargan de la técnica. Y esta visión del teatro de Daniela Martín cobra valor simbólico porque es la idea que cierra el espectáculo, en oposición a la primera parte en la que cada uno de los actores quieren ser también escritores y directores y..., ¡no consiguen nada! (No estoy diciendo que Daniela sostenga que el que mucho abarca...., pero que las hay, ¡las hay!)
Este juego excelente desde lo textual hasta lo técnico y lo actoral es, fundamentalmente una declaración de principio de lo que, para Daniela, Marcelo, Gonzalo, Maximiliano, Rodrigo, José, Emilio y Laura, es el teatro. Y lo comparto plenamente. Y también comparto con ellos el haber encarado un tema tan profundo como es una definición estética del teatro a través del humor. Porque todos, sin excepción, durante la hora que dura el espectáculo, son verdaderas máquinas de hacer teatro y, con él, hacernos reir. Gracias.
Aprovecho la oportunidad para responder a algunos que me preguntaron por qué comento algunos espectáculos y otros no. Lo dije en la edición escrita del libro que presentara a fines del año pasado: Sólo comento aquellos espectáculos que me e-mocionan, que me con-mueven, que me gustan. A los otros no sé comentrlos.
José Luis Bigi

viernes, 5 de noviembre de 2010

GATE 13 B, de Ariel Dávila

Actores: Eva Bianco, David Picotto y Alicia Vissani; Música y sonido: Enrico Barbizi; Voz en off: Ana María Tenaglia; Escenografía, diseño y vestuario: José Quinteros; Planta e iluminación: Charly García; Asistente de dirección y producción: Laura Ferreyra; Dirección: Julieta Daga. Sala: Azucena Carmona del Teatro Real. Jueves de Septiembre y Octubre de 2010.

Unas cuantas sillas, una mujer sentada en primera fila que se sienta en una para inseguida cambiar por otra. ¿Está aburrida? Sí claro, y lo sabemos porque en un momento una voz en off anuncia en italiano, castellano e inglés que el vuelo a San Pablo ha sido reprogamado. ¿Hay algo más fastidioso que esperar en un aeropuerto? Es probable, pero cuando nos proponemos tomar un avión y nos dicen desde un altoparlante que el vuelo ha sido reprogramado, demorado o anulado, no importan los hoteles ni los bauchers que nos ofrezcan, el enojo, la ira y hasta el odio se hacen carne en nuestras mentes.
Esa es la situación inicial que, con el devenir de la obra, cobrará una significación ontológica muy profunda.
En la sala de embarque confluyen tres pasajeros, dos mujeres (una coreana y la otra argentina) y un hombre brasilero.
Las características de cada uno están perfectamente elaboradas, pero se diluyen sutilmente para ser parte de los tres. Porque al final advertimos que los tres son, a nivel de significación actancial, uno solo: el ser humano con su conciencia de finitud, de mortlidad.
Una habla en coreano, pero sabe algo de castellano porque tiene una hija en Paraguay, la otra habla en castellano, en un inglés bastante fluido y también lo hace en portugués y en alemán (se comunica telefónicamente, via celular, con alguien en ese idioma). Y el brasilero, en portugués.
Aquí, después de haber visto el final, colegimos que el castigo divino que propinara Dios a la humanidad por haber querido acceder a la sabiduría a través de la construcción de la bíblica Torre de Babel, fracasó. Y esa referencia bíblica es de la civilización que llegara en 1472 a América, no de los sudamericanos. Una es argentina, otro brasilero y la tercera coreana pero con residencia en Paraguay, es decir que son tres sudamericanos, por nacimiento u opción. Y tres pasajeros que viajan a San Pablo, a Sudamérica.
La coreana se humedece el rostro para inmediatamente colocarse una máscara blanca. ¿Acaso no es blanca la parca?
Después, el brasilero, que ha tomado pastillas para dormir porque no le agrada viajar en avión (en este caso metáfora de la muerte), tiene un sueño en el que toma conocimiento de que no puede morir porque no ha bailado una determinada danza. Y, en sueños, la baila para terminar con la misma máscara que usara la coreana. Y, al despertar, dice ahora ya puedo morir, ya bailé.
La argentina, mientras tanto, refleja con un gran sentido del humor la histeria que suele caracterizarnos a los argentinos. Esto me pasa porque siempre me meto; Es que soy buena y quiero ayudar; Por eso mejor no meterse, no meterse en la vida de los demás..... ¡Cuántos reproches para autoconvencerse de que es una buena persona, de que es solidaria, de que los argentinos somos mejores que los demás habitntes del resto del mundo. Es realmente una escena hilarante en la que nosotros, el público, no podemos dejar de reir. Pero toda esa risa se transforma en un instante en un golpe durísimo, tremendo.
El altavoz anuncia que el vuelo finalmente parte, que hay que embarcar. Y la coreana embarca decididamente, como lo hace el brasilero, pero la argentina duda, no sabe si embarcar o permanecer en tierra. Pero finalmente, después de ponerse ella misma la máscara que utilizaran la coreana y el brasilero, embarca.
¿Hacia dónde? Hacia la murte porque la vida sigue su curso más allá de cada uno de nosotros.
Creo no equivocarme si digo que este espectáculo es una revalorización de la espiritualidad religiosa americana y una clara declaración que las espiritualidades religiosas que llegaron a América Latina han podido sobrevivir sólamente cuando se han combinado, cuando se han fusionado, cuando estas concepciones ideológicas invasoras se han visto invadidas por la espiritualidad religiosa de las civilizaciones autópctonas, precolombinas.
Es de destacar que se vio un trabajo en equipo, un equipo de personas que decidieron aceptar un desafío y lo concretaron de un modo excelente. Sì, porque después de asistir a un espectáculo como Gate 13 B, uno sólo puede decir gracias, gracias al grupo por haberme regalado una hora de felicidad.
Y para terminar, quiero decir que, mientras esperaba sentado para ingresar al espectáculo que seguía, me dije a mí mismo Eva, Alicia y David son actores que he visto en distintas obras con discímiles personajes, y siempre han estado magníficos. Y sí, son realmente excelentes actores. Actores que integraron un equipo esxelente de trabajo. Y cuando un equipo es excelente, el resultado, generalmente, también es excelente. Gate 13 B lo fue.
José Luis Bigi

lunes, 18 de octubre de 2010

SLAUGHTER, de Sergio Blanco

En escena: Maximiliano Gallo, Ignacio Tamagno y Alicia Vissani; Diseño de iluminación: Rafael Rodríguez; Música y Diseño de Sonido: Pablo Cáceres; Vestuario: Cecilia Priotto; Dirección y Puesta en Escena: Emilio Díaz Abregú. Sala: DocumentA/EscénicA; domingos de septiembre, octubre, noviembre y diciembre.

SLAUGHTER, the killing of animals for food; the killing of a large number or persons: massacre, es decir matadero, faena, carnicería, masacre (con una sola 's' pero idéntico significado). ¿Y qué es este espectáculo teatral sino una verdadera carnicería, una total masacre, un verdadero ícono simbólico de este siglo XXI que estamos transitando desde hace 10 años?
El texto es meticuloso, preciso, pero tremendamente narrativo. Son monólogos ensamblados, pero monólogos al fin, lo que lo hace de difícil traslación a la escena. Porque, además, los monólogos en boca de uno son después puestos en boca de otro y siempre mantienen su significación: la soledad, la evasión (estás confundido, descansá y te vas a poner mejor, dice ella en la primera parte; estás confundida, descansá y te vas a poner mejor, dice él en la tercera) la violencia impuesta pero no querida y sin embargo vivida y ejercida, la uniformidad del mundo globalizado en el que todo se ha convertido en un shopping que me impide saber cómo regresar a mi hogar, cómo encontrar mis raíces, un mundo en el que los cordones, ajuste que permite que mi calzado calce bien para poder avanzar en la vida, se transforman también en símbol de camino a la muerte; así muere el hombre en el cuarto del hotel, ese hombre que, como el protagonista, caminaba solo por el parque buscando compañía, aunque ésta fuera únicamente ocasional y terminara con un sexo puramente pulsional; así termina la obra, con el protagonista empuñando los cordones de los zapatos de Lea pero que no dan muerte ni a Lea ni al atormentado protagonista pero que nos indica, a los espectadores, que el espectáculo ha terminado, que la muerte sigue presente: Lea, ¿dormida o muerta en el sillón?, y el protagonista, arrinconado y encogiéndose hasta adoptar una posición casi fetal con el cordón en la mano.
El texto de Sergio Blanco es realmente excelente, una inteligente sucesión de monólogos apenas entrelazados entre los tres personajes, pero con un entrelazado que le otorga la teatralidad que lo distancia de la narración.
La dirección y puesta de Emilio Díaz Abregú nos presenta tres momentos bien definidos: en el primero vemos una pareja discutiendo por lo cotidiano: ¿dónde pasaste la noche?, ¿por qué no me avisaste?, ¡te estuve esperando!, ¡no dormí en toda la noche!, ¡la comida es un asco!, (comida de delivery, no casera). La mujer, Lea, durmió en el sofá; el hombre pasó la noche afuera de casa y ahora, ya en su casa de 50 metros cuadrados y con ventanas herméticamente cerradas, se limita a ver por la ventana, a "espiar" el mundo, la vida; y este observar la vida, ser espectador de la vida se repite en Lea y en el soldado lo que nos permite afirmar que, en esta obra, autor-hacedor y director-actores-técnicos-constructores-mediadores, nos dicen que en este siglo XXI los seres humanos somos meros espectadores de la vida: respiramos aire ya respirado pero reciclado, nos movilizamos con emociones muy fuertes (el dolor, la muerte, el sexo), creemos que tenemos algo porque poseemos un papel que dice que 50 metros cuadrados son nuestros, pero nuestros hasta que, como ocurriera con el edificio de enfrente, alguien ponga una bomba y los 50 metros cuadrados desasparezcan. Somos inestables y contradictorios: maté a un hombre ahorcándolo con los cordones de sus zapatos en la primera parte; estás confundida, nunca maté a nadie en la tercera; ¿qué quiere de mí? Nada, no quiero nada (ya ni siquiera sabemos lo que queremos) en la segunda; por favor, abráceme, abráceme, ruega el soldado que, cumpliendo órdenes ha provocado una carnicería (slughter) pero que es incapaz de matar a un hombre con el que ha hablado.
La segunda parte empieza con el soldado espiando por la ventana, a través de la persiana veneciana (esto le confiere el verdeadero significado: no somos espectadores sino  espías; a la realidad exterior la espío, sólo veo frontalmente lo que me da el televisor) y el hombre acostado en el sillón. Esta segunda parte es una verdadera exposición de violencia en diferentes manifestaciones: el soldado apunta al hombre (amenaza de muerte), le exige que lo huela (sometimiento), lo obliga a lamerle las botas (humillación) y le empuja la cabeza hasta que las narices del hombre se incrustan en los genitales del soldado (violación-vejación). El soldado cuenta verdaderas carnecerías realizadas siempre en nombre de una guerra limpia miráme las manos, ¿las tengo sucias acaso?, mirame las botas, ¿las tengo sucias acaso? Pero en ningún momento se plantea la limpieza ética o búsqueda del bien, como así tampoco la culpabilidad del soldado: las carnicerías cometidas (slaughter) han sido siempre concretadas en cumplimiento de una orden. Orden que el soldado ha obedecido porque esa es su misión, obedecer sin preguntar (¡El superior siempre tiene razón, y más aún cuando no la tiene! reza un dicho muy popular en las organizaciones piramidales como el ejército o la iglesia).El hombre pregunta una y más véces qué busca el soldado, y éste le responde siempre que no busca nada, que no quiere nada, que no desea hacerle ningún tipo de mal. El hombre llega a implorar que lo mate porque ya no soporta el sufrimiento, la humillación, la vejación, pero el soldado se limita a dejar el arma en el suelo. ¿Y por qué? ¿Porque quiere que los roles se inviertan? No, porque quiere, porque necesita ser abrazado, sentir el cuerpo del otro pero sentirlo a nivel emotivo, a nivel sinestésico, no a nivel de pulsión.(¿Usted quiere violarme?, pregunta el hombre. No, no, no..., responde el soldado). Y toda la violencia ejercida hasta ese momento se transforma en un abrazo fuerte hacia el hombre por parte del soldado, pero en un abrazo ambiguo, de brazos separados por parte del hombre hacia el soldado.
Y en la tercera parte los roles hombre-mujer se han invertido. Ahora es ella la que ha sido infiel, aunque asegura que esa relación ya ha terminado. Ahora es ella la que se siente mal y él el que aconseja descansar. Ahora la seguridad de los 50 metros cuadrados ha desaparecido porque el coche bomba estalló en el edificio ese, donde funciona un jardín; ¿te imaginás si hubiese sido en nuestro edificio?.
Y así, alternádose las formas de espiar el accidente,  ya sea a través de la persiana veneciana que a través de la pantalla del televisor, con las escenas que se repiten (¡otra vez la escena del cochecito!) y respondiendo simultáneamente una encuesta sobre las bondades del auto que Lea ha comprado por decisión porpia (así dice ella, pero nosotros advertimos que ha sido por decisión de la propaganda), la obra se encamina hacia el final. Y es ahí donde ese misterioso frasco homeopático cobra vida: tiene el fármaco que duerme ¿o mata? a los protagonistas. Poco importa la muerte física porque la muerte ontológica hace ya mucho que la tienen.
Las luces empiezan a bajar muy lentamente y nosotros, los espectadores, empezamos a aplaudir, porque otro de los méritos que tiene esta obra es que nos dice, a quienes oficiamos de público, que ya está todo dicho, que no queda nada por agregar. ¡El final es evidente! Y por eso aplaudimos, y lo hacemos con ganas, ¡a pesar del contenido simbólico de lo que vimos!
Para terminar, tengo que agregar que Maximiliano, Ignacio y Alicia forman un trío que ejecuta perfectamente una hermosa sinfonía. Nadie sobresale, nadie se destaca, pero todos demuestran un nivel de excelencia que hace que nosotros, al abandonar la sala, digamos: "¡Qué suerte que Maximiliano, Ignacio, Alicia y Emilio son cordobeses".
José Luis Bigi

domingo, 17 de octubre de 2010

UNA MUJER, UNA REVOLUCIÓN. EL OLVIDO, Adaptación de Santa Juana de América, de Andrés Lizárraga

Actores: Clara Weller y Giovanni Quiroga; Música original: Marcelo Márquez; Sonido: Mariana Olima; Iluminación: Rafael Rodríguez y Victor Acosta; Vestuario: Norma Ledesma; Maquillaje: Nancy Bazán; Utilería: Mariano Petrello; Producción: Hugo Olmos y José Luis De la Fuente; Asistencia: Alejandro Cuevas; Adaptación, Dirección y Puesta en Escena: Luis Moya. Grupo: Comedia Cordobesa; Sala: Teatro Real.

Hay veces en que uno va al teatro, y esta oportunidad lo fue, y se encuentra con una conjunción de tres excelencias: texto-actuación-dirección. Y claro, el producto es eso: excelencia.
La puesta fue inteligente ya que supo acomodar el espectáculo a una sala que es cualquier cosa menos una sala teatral. Un espacio angosto y larguísimo es cualquier cosa menos un espacio teatral; y sin embargo en este caso Luis Moya supo aprovecharlo de modo inteligente y planteó una puesta frontal pero también semicircular con la acción que se desarrolla en el centro del espacio, entre dos puertas que dan al hall, lugar donde se desarrolla la presentación inicial. Ahí, en el hall, se cuenta la historia de Juana Azurduy, personaje de existencia real en la historia de nuestro país; y en la sala larga y angosta se teatralizan momentos de esa vida.
Clara y Giovanni no necesitan justificar sus niveles actorales; son bien conocidos por todos los cordobeses, pero en esta oportunidad sus dotes actorales alcanzan el nivel de excelencia; (¡y lo repito porque cuando un producto teatral es excelente, hay que decirlo hasta el hartazgo!); con apenas un sombrero, un par de botas, un poncho y bolsas de cereales (semillas, vidas potenciales de alimentos), van logrando, Clara y Giovanni, las distintas caracterizaciones, los distintos personajes que desfilan por la puesta. Y, repito, con esa economía de recursos de utilería, logran mostrar a cada uno de los personajes que aparecen en esta historia, ¡y todo frente al público o saliendo por una puerta hacia el hall e ingresando por la otra siendo ya el nuevo personaje!
Sé que este es un recurso muy utilizado en el teatro, pero ser muy utilizado no es sinónimo de bien hecho y, en este caso debo decir Sí, el recurso fue utilizado con excelencia.
Creo que es muy saludable poder ver a un grupo de la Comedia Cordobesa haciendo este tipo de trabajo; porque Una mujer, una revolución. El olvido, justifican la existencia de una comedia oficial rentada. Ojalá hicieran más productos de este nivel, y con directores cordobeses que, en muchos casos son realmente superiores a los que contratan de la metrópolis y, en todos los casos, son mucho más económicos. ¡Sí, trabajan con el equipo técnico, numeroso por cierto, de la Comedia Cordobesa! Y para terminar, deseo expresar que, una Comedia Cordobesa, que está soportada económicamente por los ciudadanos  cordebeses a través de sus impuestos, debería trabajar preferentemente con personal cordobés, ya sea para dirigir que para ser miembro de jurados. O con personal de las provincias hermanas porque, hasta ahora, ¡qué fiasco, que mediocridad, que..., el papel que los porteños han desempeñado! Sí, exceptúo a Petraglia y a alguno más, pero al resto.....    
José Luis Bigi