miércoles, 16 de noviembre de 2011

Dícese, de la persona cuyo cónyuge ha muerto, de Sonia Daniel

Actriz: Sonia Daniel; Escenografía y Urilería: Carolina Fassulo; Diseño de Vestuario: Sofía Jaskowsky; Realización de Vestuario: Elena Reyeros; Pelucas: Ariel Messia; Multimedia: Juan Manuel Díaz; Diseño Gráfico: Juan Manuel Díaz; Fotografía: Javier Velazque; Asistencia de Escenario: Rodrigo Pesce; Asistencia de Dirección: Soledad Cipollati; Asistencia Técnica: Juan Manuel Díaz; Producción: Leo rey y Agrupación Teatral María Castaña; Direcció n General y Puesta en Escena: María Luisa Stille; Sala: Teatro María Castaña.

El texto, hilarante, es excelente. Lo que ocurre o podría ocurrir en la celebración de los 25 años de casados si uno de los cónyuges encuentra al otro muerto, ¡y tirado en el living!
Ese texto hilarante y excelente (sabemos de la gran capacidad dramatúrgica de Sonia porque, entre otras obras, ha escrito El Juego de las Palomas que, además de haber recibido el Premio Dramaturgia 2005 que otorga la Agencia Córdoba Cultura-Area Teatro, leí y...., ¡sigo esperando verla puesta en escena! porque realmente me con-movió, me encantó) se desvanece porque, para mí, se le dio prioridad al texto que al juego (comunicación) con el público.
Un texto como "Dícese...." es eminentemente para un espectáculo de café concert, y la dirección optó por el tradicional escenario frontal a la italiana. Y eso fue una lástima.
Sonia logra una correcta actuación, pero se queda en la corrección, y en este caso hubiera sido necesario un juego de ping-pong con el público. Porque, es mi parecer, la excelencia de este texto se completa "necesariamente" con la intervención del público. Y si bien existió una intervención del público en la oportunidad en que vi el espectáculo, esta intervención fue mínima, mezquina, ¡porque la puesta frontal atentó contra la interacción!
Lo hipotético no sirve nunca porque en arte, "lo hecho hecho está", pero me arriesgo a imaginar que, si a este espectáculo lo hubiera dirigido Leo Rey, pareja de Sonia Daniel, que ha demostrado sobradamente su capacidad didáctica y de interacción con el público en los espectáculos que ha llevado a los colegios secundarios, el resultado hubiera sido superior.
Con esto no quiero decir que no fue correcta la dirección de María Luisa Stille, pero creo que la dramaturga primó por sobre la actriz y la puesta.
José Luis Bigi

martes, 8 de noviembre de 2011

KASSANDRA, de Sergio Blanco

Dirección: Cipriano Argüello Pitt, Actuación: Martín Suárez, Música en Escena: Pablo Cecere, Asistencia de Dirección: Viviana Grandinetti, Traducción al griego de Las Troyanas: Sergio Cáceres, Diseño y Realización del Mapa: Guadalupe Suárez Jofri, Diseño Gráfico: Lucas Chami, Prensa: Víctor Conci, Producción: Gisele Chavi. Sala: DocumentA/Escénicas, sábados de septiembre, octubre y noviembre.

Dieron sala, entramos y, mientras lo hacíamos y nos acomodábamos en sillas, Martín Suárez, el actor, hablaba, y lo hacía en inglés. Me quedé esperando que la obra empezara, es decir, que se abordara el castellano, pero el actor siguió hablando en inglés y yo, lentamente, empecé a entender que la obra ya había empezado. Y puse todos los sentidos para entrar en el juego teatral cuando Martín dijo algo así como I'm Kassandra, I'm a man but my name is a woman's name. Would you know why I'm a man with a woman's name? Y siguió con su relato, relato que, gracias a la excelente actuación de Martín, me fue atrapando de un modo casi mágico, tanto como para que, cuando no había pasado ni media hora, ya me hubiera olvidado que el texto era totalmente en inglés.
Kassandra nos invita a un ágape, una reunión de camaradería porque you are my friends, all of you are my friends, aren't you?
Y la mesa lucía un hermoso mapa pintado de Grecia, de Troya. Y nos sirvieron cordero (sacrificio), vino y pan (la comunión, la última cena), anticipándonos que presenciaríamos un sacrificio, el de Kassandra vendiendo su cuerpo a todo tipo de clientes, incluso a los couchon, a los que les gusta el sadomasoquísmo, práctica que a Kassandra no le agrada pero que realiza porque I need money and the couchon pays good money! Y es una comunión porque a nosotros, sus amigos, nos cuenta casi como una íntima confesión, la verda de su vida, la soledad, la relación con sus padres, con sus hermanos, con la sociedad. Y es entonces que apela a Casandra, la hija de Hécuba y Príamos, reyes de Troya. Y, sacerdotiza (busca en la mochila cartas de tarot) de Apolo con quien pacta, a cambio de un favor carnal, la concesión del don de la profecía. Pero cuando adquiere este poder, rechaza el amor de Apolo quien, al verse traicionado, la maldice y la condena a seguir con el don de la adivinación, pero a la desventura de que nadie le creería jamás sus profecías. Casandra previó la destrucción de Troya, la muerte de Agamenón y su propia desgracia, pero fue incapaz de evitar esas tragedias ya que su familia pensaba que estaba loca.
Kassandra también prevé sus propio final, lo prevé en las cartas del tarot, ve el accidente del taxi que debía llevarla al domicilio de su cliente couchon. Y va, va a su propia desgracia.
Kassandra, en la versión de Blanco-Argüello Pitt, es un taxi-boy sudamericano emigrado a trabajar en la cuna del capitalismo, donde ha aprendido un inglés básico, el de la calle, y el de la calle de los barrios marginales de inmigrantes latinoamericanos, inglés plagado de errores gramaticales, de construcción y de pronunciación. Este rasgo, justamente, aumenta la condición de paria de esta/e Kassandra que, a pesar de todo tiene un perfil tierno e inocente, ama a Abba, el conjunto músico sueco, especialmente una canción que habla de que quien gana toma todo el dinero; pero también es tierno e inocente porque ama a Scarlett, de "Lo que el viento se llevó", y es fanático del conejo Bugs Buny, personaje infantil que siempre triunfa, que nunca es cazado por Elmer, su eterno cazador.
El/La Kassandra que vimos es un personaje hiperrealista, de absoluta actualidad, con un texto absolutamente dramático y excelente, como así también fueron excelentes la puesta (concebir como un sacrificio y última cena, como una confesión necesitada por un personaje en soledad, un paria de la sociedad, un ser humano cabal pero considerado por todos como un loco) y una excelente actuación. Al respecto, confieso que una de las cosas que más me emocionaron cuando salí de la sala, fue comprobar que Martían Suárez, a quien he visto en distintos personajes, ha alcanzado un nivel actoral de excelencia. El manejo de los tiempo dramáticos, las transiciones de la tragedia a la comedia y viceversa, la interactuación con el público siempre respetuosa (you are a boy, you are a boy, you are my boyfriend; it's a joke, man, I love you, it's just a joke) mientras con el puño cerrado se golpea el corazón y después señala con el brazo extendido hacia el espectador con la "V" de la victoria.
También creo que fue un acierto la participación de Pablo Cecere con su contrabajo, personaje omnipresente que conoce la historia de Kassandra, que lo acompaña, que le ayuda a comunicarse con el público cuando Kassandra dice palabras en inglés que cree son incomprensibles para el público porque lo son para él/ella (forbid-forbidding). Personaje que transmite, a través de su música, los estados de ánimo de Kassanra, pero que también se convierte en protagónico cuando ejecuta y canta la canción Money de Abba en versión completa, personaje que, a través de su mirada evidencia que quiere profundamente a Kassandra, pero que no puede impedir el trágico final, el final de tragedia griega a pesar de que, en este caso particular y por ser contemporánea, la tragedia le ocurre a un paria, no a un noble.
Para terminar, me gustaría transcribir un soneto titulado Casandra, de Francisco Álvarez Hidalgo:
En soledad, clavada de agonía / vivo mientras la voz clama y aunque / por carecer, para mi desventura / de credibilidad mi profecía. // Es mi palabra admonición sombría / de la amenaza trágica futura, / oída, no escuchada... Qué locura / tener a un sordomudo por vigía. // Oigo el grito de horror en cada canto, / detrás de la sonrisa veo el llanto, / y en la opulencia el fuego destructor. // ¿A qué fin se me han dado estas visiones? / Soy la sibila de las destrucciones, / Considerada menos que un rumor.
Menos que un rumor..., esa es la Kassandra que Blanco, Argüello Pitt, Suárez, Cecera y Grandinetti nos ofrecieron en la sala de DocumentA/Escénicas. A todos ellos, gracias

José Luis Bigi

viernes, 28 de octubre de 2011

SE TE VINO LA NOCHE, cuando a un bueno le pasa algo malo, de Daniel Pereyra

En escena: Sergio Heredia, Mario Gorostidi, Jorge Juárez, Javier López, Mónica Morea, Leandro Pineda, Verónica Ripoll, Marcelo Trujillo, Ernesto Salas y Dimas Games; Técnica: Lucas Solé; Dirección: Paco Giménez; Teatro La Cochera, viernes de octubre.

El Libro de Job fue escrito, según coinciden la mayoría de los estudiosos, hacia 1473 a.C. La temática de este libro de la tradición judía es "el sufrimiento del inocente". Ya desde la más remota antigüedad, los pensadores se ocuparon del problema del hombre bueno que sufre y del hombre malo que es feliz. Platón se ocupó del asunto sin encontrarle una solución que no chocara con la filosofía y la moral.
La temática de Job, el sufrimiento del inocente, es tratada de modo abundante en la mitología griega; baste sólo mencionar a Prometeo, a Edipo, a Hércules.
En El Libro de Job, el protagonista es un hombre religioso, bueno y justo a quien Dios permite que Satanás someta a numerosas y espantosas pruebas. Mientras Job sufre bajo el influjo del Mal, tres buenos amigos intentan consolarlo tratando de convencerlo de que todo su sufrimiento es debido a sus pecados. Job se enfurece, pues él sabe que nunca ha pecado, que acusarlo de pecador es un infundio.
Por último, Dios en persona se hace presente y le explica a Job que todo se trató de una prueba, de una apuesta que Él había hecho con Satanás. Y le devuelve con creces la felicidad.
Hasta aquí, la historia bíblica. Respetada casi a rajatabla por Daniel Pereyra, pero éste finaliza con la rebelión de Job por no entender el por qué de esa actitud de Dios. Y es justamente esa rebelión el mayor acierto, desde el punto de vista ideológico-filosófico del autor, en la versión presentada por este grupo de actores de La Cochera.
Los actores, en complicidad con el director, ubicaron a la acción en Córdoba. Todos los personajes, a excepción de Job (encarna la universalidad del hombre que no se explica el por qué de los sufrimientos), hablan en cordobés; algunos de modo exagerado, otros, como Dimas Games, en el exacto modo cordobés de hablar.
En la versión que vimos en La Cochera, Job se nos presenta ya en la última etapa de su sufrimiento, de sus pérdidas. Sabemos, por los parlamentos que se van sucediendo, que Job supo tener casa, trabajo, una moto y una novia. En el presente de la obra, ya no tiene nada e incluso es avasallado por la novia Jésica, quien le pasa por encima de la espalda la valija con el equipaje.
Los amigos intentan vanamente reanimarlo, rescatarlo, pero Job rechaza toda ayuda; quiere entender por qué le pasa lo que le pasa. E increpa a Dios.
Dios, omnipresente a lo largo de la obra, en un plano superior y con sombra en su rostro (¿acaso alquien sabe cuál es el rostro de Dios?), está perfectamente encuadrado por el marco de una ventana, lo que nos remite a un cuadro. Y hubiera sido muy bueno que, cuando Dios habla, al final de la obra, lo hubiera hecho sin asomarse, conservando la incógnita de su rostro, porque con las apariciones interrumpe el ritmo del parlamento, parlamento muy importante por cierto en el contexto ideológico-filosófico de la obra, y porque al hacer visible su rostro, lo humaniza quitándole la condición Divina.
Dios le recuerda a Job que Él creó el Universo, que Él es el único que da y que quita; en una palabra, le dice a Job que los hombres somos sus títeres, sus marionetas y que Él y sólo Él maneja los hilos.
Y es justamente esa revelación soberbia de Dios la que provoca la rebelión de Job cuando, manejando la moto con Jésica como pasajera, arroja el manubrio, sinécdoque de la moto (símbolo de poder para Job porque él la maneja, porque él la hace avanzar y frenar) y sale raudamente de escena. ¿Abandona la bondad? ¿Abandona a Dios? No lo sabemos, pero son alternativas posibles ya que el final queda totalmente abierto y nos permite, a cada uno de los espectadores, dar el cierre de acuerdo a nuestra ideología, a nuestra concepción filosófica de la vida.
La puesta es excelente y la apelación a la tecnología con la proyección del botón de ayuda, botón que termina en medio de la frente de Job, botón identificado con un signo de pregunta, es lo que nos lleva a pensar que Job terminará en rebelión, porque termina con un interrogante y todo aquel que tiene un interrogante se vuelve anticonformista, es decir, revolucionario. ¡Vaya acierto del autor! y ¡Vaya acierto de la puesta, la dirección y los actores!
Director y actores optaron por el humor, y tengo que decir que, para mí, se trató de una elección acertada porque la profundidad de la temática sólo puede ser abordada a través del humor. Un tratamiento carente de humor hubiera resultado tremendamente tedioso.
Poe último, quiero destacar que las actuaciones fueron bastante parejas, pero creo que es justicia decir que Dimas Games tiene un ángel especial que capta la atención del espectador y se impone por sobre los demás actores.
A todos ustedes, Sergio, Mario, Jorge, Javier, Mónica, Leandro, Verónica, Marcelo, Ernesto, Dimas, Lucas y Paco, gracias, muchas gracias por el hermoso momento que me permitieron vivir.
José Luis Bigi

jueves, 21 de julio de 2011

VALOR AGREGADO

Dramaturgia: Tomás Gianola y Gabriel Andrés Pérez; En Escena: Tomás Gianola y Gabriel Andrés Pérez; Música Original: Clara Presta; Vestuario: Yohana Pereyra; Fotografía-Gráfica: Rosario Gianola; Producción y Operación Técnica: Sebastián Javier Pellegrini Ortega; Puesta en Escena: Tomás Gianola y Gabriel Andrés Pérez. Teatro La Cochera, Ciclo F.E.A.Te.C. 2011

Cuando entramos a la sala, nos encontramos con un modesto taller de zapatería, de esos que, hasta hace 20 años abundaban en Argentina y que hoy, con el "compre-use-tire-vuelva a comprar" que se ha instalado en el mundo, practicamente han desaparecido. En el taller, Leonardo (G.A.Pérez), descalzo y con el torso desnudo, está realizando la rutina que se puede realizar en un taller de compostura de calzado. Leonardo no pasa desapercibido pero tampoco llama la atención, es un zapatero arreglando un par de sandalias rojas. Y entra Esteban (T.Gianola) de un modo torpe, llamanto tremendamente la atención. Viene cansado, maldormido, malhumorado. Pero Leonardo permanece impasible; sí, se conocen, y muy bien. Tan bien se conocen que ni siquiera necesitan mirarse para saber lo que está haciendo el otro.
Leonardo se viste como para ir a comprar repuestos; Esteban revisa y hace cuentas con una calculadora de hace más de 20 años que funciona porque Leonardo la conecta. Y la conecta porque conoce el funcionamiento del taller; ha trabajado durante años en él.
Y cuando Leonardo le pide plata a Esteban para ir a comprar una plancha para zuelas, éste le dice que la saque del bolsillo, es decir que Leonardo mete la mano en el bolsillo delantero de Esteban, accion que, por el modo de uno en el meter la mano en la intimidad del pantalón y del otro de no acusar recibo, suponemos que es cotidiana, muy cotidiana, cómplice.
Y cuando Leonardo ha partido, Esteban, en soledad, toma una caja que sabemos contiene cosas muy importantes para él por el modo en que, cuando Leonardo quiso tocarla, Esteban reaccionó: ¡No, esa no!
La caja contiene zapatos de mujer, y a cada par que Esteban saca, le asigna un nombre. ¿Han sido novias? ¿Amores? ¿Experiencias sexuales? No lo sabemos, pero vemos que al último par, el de sandalias negras con taco, no le asigna nombre, las calza y empieza a caminar trastabillando, sin saber cómo caminar con tacos, pero a medida que avanza en el caminar, se yergue y termina caminando con soltura, con dominio de los tacos.
El café se quema, Esteban se quema; Leonardo no le da importancia, se limita a limpiar la carpeta con un repasador percudido, muy percudido, muy usado. ¿Acaso la relación de Esteban y Leonardo no es una relación percudida, reiterativa, muy usada? Leonardo tiene que irse, pero no se va; Esteban le busca pieza en los clasificados, pero no encuentra; Leonardo dice que, como decía el padre de Esteban, si uno se cae oche veces, se levanta nueve; Esteban le pide de modo imperativo que olvide al padre; Leonardo y Esteban se conocen desde siempre, crecieron juntos, uno como empleado, el otro como hijo del dueño, pero ambos de la misma edad, ambos con el mismo sentimiento que mientras vivìa el padre podían obviar pero que ahora, en el presente de la obra, podrían enfrentar y no se animan, ambos gritando la soledad, la necesidad de tocar, de ser tocado. ¿Qué es si no el clamor de Esteban gritando ¡Tocame, tocame!? ¿Y qué es si no el clamor silencioso de Leonardo cuando se desnuda sobre la mesa de Esteban con el cuerpo temblando por la angustia del "por favor, vení, tocame"? ¿Y qué es si no la finta de lucha cuando Leonardo quiere entregarle el maletín al viejo y Esteban se lo impide argumentando que está cerrado?
La escena final, cuando Leonardo, cambiado, dice que se va, que no sabe a dónde, que no sabe con quién; cuando Esteban le pregunta, le repregunta por tercera o cuarta vez, ¿te vas? y Leonardo contesta Sí, y se va, nosotros, espectadores, nos preguntamos ¿por qué Leonardo no le pregunta querés que me quede?, para que Esteban le diga sí. Porque la obra es un grito desesperado de soledad, dos soledades cuyos motivos podemos suponer, pero que en la obra no se dan, soledad que deberán cargar de modo atávico Esteban y Leonardo.
El texto y la estética de la puesta son un excelente mix de teatro del absurdo con grotesco. Nos reímos a lo largo de la obra, los diálogos, por momentos, son incoherentes, absurdos, obvios, y por eso, muy graciosos. Pero cuando salimos de la sala, cuando yo salí de la sala, lo hice con un sabor agridulce en el alma; dulce porque había presenciado un excelente trabajo; agrio porque me hicieron vivir la soledad inherente del ser humano. Entonces entendí el título, Valor Agregado, eso que tenemos que añadir a las cosas naturales para ser completadas como un bien. Ese valor que tanto nos cuesta agregar-nos para estar bien, para vivir bien; ese valor que no-nos-agregamos y que, por eso, padecemos la inherente soledad del ser humano.
José Luis Bigi

martes, 28 de junio de 2011

UN LUGAR EN LAS NUBES, de Claney English y Guy Holland

Ella: Cora Ferro; Él: Luis Moya; Traducción: Larry silberman; Música Original: Rob Lee; Vestuario: Alejandro Mateo; Diseño de Producción Original: Quicksilver Theatre de Londres; Asesor Técnico: Silvio Massimo; Promoción y Asistencia Técnica: Cecilia González; Asistencia de Dirección y Producción Ejecutiva: Cora Ferro; Adaptación y Dirección: Jorge Ferro. Sala: Ciudad de las Artes; sábados y domingos de junio.

La sala está vacía, sólo hay una mesa en medio del escenario. Repentinamente, por la puerta opuesta a la que el público ingresó a la sala, se oyen gritos: Es acá; No, no es acá; Sí, es acá; Te digo que no es acá; Y yo te digo que sí es acá..... Y entran la actriz y el actor, Cora y Luis, empleados de una empresa dedicada al traslado y entrega de encomiendas. Traen una caja que dejan sobre la mesa. A partir de ahí, empieza el juego. Ella quiere contar el cuento de Caperucita Roja; él, el de Blanca Nieves y los Siete Enanitos. Y los cuentan, ambos, al mismo tiempo, superponiendo parlamentos y acciones con los objetos, elementos de descarte como trozos de género, cajas vacías, rollos de cartón que fueron centro de rollos de papeles de cocina o de telas en mercerías, papeles metalizados, etc. Y lo curioso y divertido es que valiéndose de esos elementos de descarte, los van transformando en personajes con vida teatral real. Así, broches de ropa son patos o un centro de rollo de papel de cocina es Blanca Nieves en algunos momentos y una torre en otros. Y, a pesar de la superposición de parlamentos, ambos cuentos son perfectamente contados, ¡y hasta se complementan para crear un nuevo cuento!
El público infantil participa de la acción, pero lo hace de modo espontáneo; nunca de manera compulsiva e histérica inducida por los actores (recurso, por otra parte, muy utilizado en el teatro infantil, especialmente en el teatro de títeres, y muy aborrecido por quien escribe este comentario). Por eso puedo afirmar que la participación espontánea del público infantil indica que éste, el público infantil a quien está dirigida la acción, es atrapada por la historia y por los empleados de la empresa de encomiendas, por Cora y Luis.
En este momento en que la niñez tiene como objetos de juego muñecas Barbi, Play Station, y tantos otros formatos ya programados, resulta altamente saludable que un par de actores muestre que, con materiales de descarte, se pueden crear objetos de juego y darles vida propia. Porque ¿quién duda que el broche de la ropa es un pato?, nadie, porque la imaginación y el juego le dieron dimensión de pato; entonces, ES un pato.
Pero lo que más me sorprendió, y realmente de manera muy grata, es el tratamiento que se le da a la muerte. La niña busca al abuelo en su dormitorio, pero la luz está apagada. Es que el abuelo ya no está en su dormitorio sino que está en el Universo. La niña, a través de un puente de plata (una cinta de embalaje) llega al inmenso Universo y allí se encuentra con el abuelo quien le dice que a partir de ese momento, el Universo será su morada. La niña, sorprendida, lo interroga: ¿Entonces no te voy a ver más, abuelo?,y éste le responde: Cuando me busques, mirá a las estrellas. Yo estaré allí, y así podremos vernos y estar juntos. Pero la niña, curiosa y analítica, pregunta: ¿Y si el día está nublado?, a lo que el abuelo responde, con palabras que no recuerdo exactamente (literalmente) pero que puedo sintetizar en su concepto: Entonces mirate el corazón, porque yo siempre estaré en tu corazón y vos siempre en el mío.
Debo confesar que nunca había visto un enfoque tan tierno, tan poético y tan inteligente del desgarro que significa la muerte de un abuelo para un niño. Y sin ninguna duda puedo afirmar que ésto, el tratamiento poético y natural de la muerte, dirigida a los niños, hace de Un Lugar entre las Nubes un excelente espectáculo. Si tienen posibilidad de ver esta obra de teatro que ofrece Grupo 55 Teatro, no desaprovechen  la oportunidad; se los advertí.
José Luis Bigi

domingo, 19 de junio de 2011

PALOMA SIN VACILO Con... cierta payasa; por Las PerezCorrea

En escena: Laura Ortiz; Dirección: Julieta Daga; Iluminación: Sergio Salicas; Vestuario: José Quintero; Acompañamiento musical: Julieta Daga o Guillermo Villanueva; Diseño: Juan Manuel Colombato; Sala: La Luna,sábados de junio y julio.

La sala, cuando ingresamos, es una mezcla de teatro tradicional y café concert. El público se ubica en gradas, pero también en mesas donde brilla una vela, donde se puede consumir un trago, un café o un té. Y el espacio destinado a la actuación está vacío, completamente vacío, a excepción de una alfombrita redonda.
En un momento, las meseras apagan las velas y retiran las botellas portavelas. Y nosotros, los espectadores, que habíamos estado hablando como se habla en un bar cualquiera, entendemos la señal y hacemos automáticamente silencio. El unipersonal empezó.
Laura Ortiz, la actriz, entra, sale, vuelve a entrar, amaga quedarse, vuelve a irse, tropieza en la puerta, es torpe, es indecisa, parece no saber si realmente debe entrar o todavía no es el tiempo de actuar. Hasta que entra, primero con una lámpara de pie y después con una banqueta. Esa acción despierta la risa del público, pero también acapara su atención.
Y el personaje dice No sé, A lo mejor, Quién sabe. Ahí está el meollo del espectáculo, espectáculo que, hay que reconocerlo, es un verdadero poema; un poema, en verso y rimado, que es Laura, Laura Ortiz, la actriz. Porque Laura no interpreta su personaje, lo vive, y por eso nosotros, los espectadores, nos entregamos y vivimos lo que ocurre en escena. ¡Qué entrega la de Laura! ¡Qué placer el de los espectadores!
La actriz demuestra que es un verdadero clown, porque provoca la risa del espectador, interactúa con él, pero durante todo el tiempo que dura su actuación, nos muestra una actuación tragicómica, muy pero muy jocosa pero también muy pero muy tierna. ¡Y profunda! Porque el canto a la libertad que nos transmite a través de su actuación como así también a través de breves parlamentos: El que no ha nacido no puede volar; el que no vuela no puede nacer" es total: la Vida es el Volar.
La paloma del título; la Laura-Paloma del espectáculo, invita a un espectador, al que llama palomo, a acercarse, a entrar al espacio escénico. Y dice todo lo que las palomas hacen con un palomo, que ella, Laura-Paloma no hará, o sí, como por ejemplo poner un huevo e invitar al palomo para que lo empolle. Y ahí, en esa simple invitación a empollar, aparece el primer significante del signo "Igualdad-Libertad-Respeto" que Paloma sin Vacilo tan poeticamente nos ofrece. Y digo el primer significante porque después está el juego del casarse uno con uno o una con una o uno con una o uno con uno y con una o...., sí, el signo "Igualdad-Libertad-Respeto".
Paloma sin Vacilo es un poema teatralizado, un poema dividido en tres estrofas, tres estrofas progresivas: la primera es la paloma y la vida de la paloma; la segunda es la libertad; y la tercera es la educación en libertad y la libertad misma. ¿Acaso hay algo más loable que la educación en libertad, esa metáfora que Laura-Paloma realiza alimentando al huevo, arrojándolo al vacío después para terminar entregándoselo al Palomo? Porque para nuesra tradición judeo-cristiana la educación de la mujer es competencia de la madre y la del varón, del padre y para Laura-Paloma es compartida, de los dos; Porque para nuestra tradición judeo-cristiana la madre es posesión, y para Laura-Paloma es Libertad; porque para nuestra tradición judeo-cristiana el pensar es peligroso y para Laura-Paloma es Libertad; porque para nuestra tradición judeo-cristiana el sexo es tabú y para Laura-Paloma es Libertad.
Paloma sin Vacilo es un espectáculo imperdible, necesario, para teatreros, poetas y gente con sensibilidad.
Gracias Laura, gracias Julieta, gracias Sergio, José, Guillermo y Juan Manuel por ofrecernos este poema teatralizado. Y gracias a Mónica y Graciela, las responsables del teatro La Luna, por organizar, siempre, actividad teatral genuina, teatralmente genuina.
José Luis Bigi

martes, 7 de junio de 2011

DEBAJO DEL SILENCIO, La Convención Teatro

En Escena:Alicia Vissani, Julieta Daga, Laura Ortiz, David Piccotto, Guillermo Baldo; Diseño de Luces / Puesta en Escena: Rafael Rodríguez; Vestuario: Marìa Paula Delprato; Música: Pablo Cáceres; Diseño Gráfico: Liminaresdiseño; Operación Ténica: María Belén Carranza Bertarelli; Asistencia Compositiva: Melina Passadore; Asistencia de Dirección: María Belén Carranza Bertarelli y María Paula Delprato; Dramaturgia: versión libre de Antígona, de Sófocles y de Los Siete contra Tebas, de Esquilo: Daniela Martín; Dirección: Daniela Martín. Sala: Espacio Cirulaxia; mayo y junio.

Debajo del silencio..., así se llama este espectáculo que se presenta durante mayo y junio en el Espacio Cirulaxia; debajo del silencio. ¿Por qué debajo del silencio? Porque es una excelente metáfora del Derecho a la Resistencia, derecho incorporado a nuestra Constitución Nacional de 1994. ¿Y qué es el Derecho a la Resistencia? Es un derecho inmanente a toda sociedad política organizada de rebelarse ante un régimen opresor, aunque éste haya llegado al poder legítimamente, que quebranta las orientaciones políticas del cuerpo electoral que lo escogió para la conducción de su país. Porque cuando en el Estado no hay equilibrio de poderes; cuando las decisiones del Máximo Tribunal de la República sean irrespetadas por el gobierno nacional, se rompe la armonía funcional del Estado, y emerge el derecho que tiene el pueblo de resistir a la opresión o a la tiranía.
Los actores se encuentran encerrados en un círculo, círculo que remite al encierro, pero también a la circularidad de la vida y a la imposibilidad de desobedecer la historia que rige a toda tragedia, sea esta griega o de otro origen. Antígona, recurriendo al Derecho a la Resistencia, insiste en dar sepultura a su hermano Polinices. Creonte, hermano de Yocasta y a cargo de Tebas después de la muerte de Polinices y Etéocles, ha dado la orden de dejar el cadáver de Polinices a la intemperie para que se pudra lentamente e impedir el descanso de su alma. Así Creonte, que había llegado a regir los destinos de Tebas en un todo de acuerdo a la ley (Edipo ha partido al exilio, Yocasta ha muerto y los hijos varones de éstos se han matado entre sí), al negar la sepultura a Polinices, contradice la ley natural dictando un decreto aberrante y, por eso, pagará con la muerte de Hemón, su propio hijo y novio de Antígona.
Y la decisión de Antígona de recurrir al Derecho de Resistencia acompañado de la posición irreductible de Creonte, quien incluso desoye a su hijo cuando éste le suplica que no condene a Antígona, se convierten en una viva metáfora de lo que fuera el enfrentamiento de las Madres de Plaza de Mayo y el gobierno de facto o los democráticos de turno exigiendo "aparición con vida" y el derecho, como Antígona, de dar sepultura a sus cadáveres, enfrentamiento que, lamentáblemente, cesó cuando decidieron levantar las marchas de los jueves para dejar de exigir la aparición con vida o el derecho a dar sepultura a sus muertos para enrolarse a nivel político partidario y pasar a exigir castigo, sólo castigo (dejo expresa constancia que me refiero únicamente al grupo de Madres que lidera Hebe de Bonafini, ya que Madres-Línea Fundadora, que dirige Nora Cortiñas, mantiene el reclamo que diera nacimiento, vida y conocimiento mundial a Madres de Plaza de Mayo manteniendo la universalidad de la causa, causa que, como argentino, me llena de orgullo y solidaridad).
Las actuaciones de David Piccotto, Julieta Daga y Laura Ortiz son realmente excelente porque logran transmitir el espíritu de la tragedia y lo que sus personajes van viviendo. Pero no entiendo por qué Daniela le dio a Alicia Vissani, una actriz que ha demostrado sobradamente su excelencia istriónica, el rol de Polinices. Alicia es una actriz con fuerte presencia escénica y una fortaleza que se han puesto de manifiesto en los distintos roles que ha encarado, pero esa presencia y esa fuerza no le alcanzaron para encarar a Polinices al mismo nivel de David, Julieta y Laura. Y esto, según mi entender, fue un error de dirección. Pero Daniela tiene el derecho de equivocarse porque ha demostrado, ¡y con creces!, que es una excelente dramaturga y directora, y una cabal conocedora del teatro griego de la antigüedad.
Tampoco Guillermo Baldo estuvo al nivel de los otros actores, pero creo que, fundamentalmente, porque utiliza un volumen de voz tan bajo que no es audible para el espectador, y esto hace que sus intervenciones pasen casi desapercibidas.
A todos ustedes, Alicia, David, Julieta, Laura, Guillermo y Daniela, como así también a los responsables de luces y sonido, gracias, muchas gracias. Pasé un momento muy agradable.
José Luis Bigi