viernes, 28 de octubre de 2011

SE TE VINO LA NOCHE, cuando a un bueno le pasa algo malo, de Daniel Pereyra

En escena: Sergio Heredia, Mario Gorostidi, Jorge Juárez, Javier López, Mónica Morea, Leandro Pineda, Verónica Ripoll, Marcelo Trujillo, Ernesto Salas y Dimas Games; Técnica: Lucas Solé; Dirección: Paco Giménez; Teatro La Cochera, viernes de octubre.

El Libro de Job fue escrito, según coinciden la mayoría de los estudiosos, hacia 1473 a.C. La temática de este libro de la tradición judía es "el sufrimiento del inocente". Ya desde la más remota antigüedad, los pensadores se ocuparon del problema del hombre bueno que sufre y del hombre malo que es feliz. Platón se ocupó del asunto sin encontrarle una solución que no chocara con la filosofía y la moral.
La temática de Job, el sufrimiento del inocente, es tratada de modo abundante en la mitología griega; baste sólo mencionar a Prometeo, a Edipo, a Hércules.
En El Libro de Job, el protagonista es un hombre religioso, bueno y justo a quien Dios permite que Satanás someta a numerosas y espantosas pruebas. Mientras Job sufre bajo el influjo del Mal, tres buenos amigos intentan consolarlo tratando de convencerlo de que todo su sufrimiento es debido a sus pecados. Job se enfurece, pues él sabe que nunca ha pecado, que acusarlo de pecador es un infundio.
Por último, Dios en persona se hace presente y le explica a Job que todo se trató de una prueba, de una apuesta que Él había hecho con Satanás. Y le devuelve con creces la felicidad.
Hasta aquí, la historia bíblica. Respetada casi a rajatabla por Daniel Pereyra, pero éste finaliza con la rebelión de Job por no entender el por qué de esa actitud de Dios. Y es justamente esa rebelión el mayor acierto, desde el punto de vista ideológico-filosófico del autor, en la versión presentada por este grupo de actores de La Cochera.
Los actores, en complicidad con el director, ubicaron a la acción en Córdoba. Todos los personajes, a excepción de Job (encarna la universalidad del hombre que no se explica el por qué de los sufrimientos), hablan en cordobés; algunos de modo exagerado, otros, como Dimas Games, en el exacto modo cordobés de hablar.
En la versión que vimos en La Cochera, Job se nos presenta ya en la última etapa de su sufrimiento, de sus pérdidas. Sabemos, por los parlamentos que se van sucediendo, que Job supo tener casa, trabajo, una moto y una novia. En el presente de la obra, ya no tiene nada e incluso es avasallado por la novia Jésica, quien le pasa por encima de la espalda la valija con el equipaje.
Los amigos intentan vanamente reanimarlo, rescatarlo, pero Job rechaza toda ayuda; quiere entender por qué le pasa lo que le pasa. E increpa a Dios.
Dios, omnipresente a lo largo de la obra, en un plano superior y con sombra en su rostro (¿acaso alquien sabe cuál es el rostro de Dios?), está perfectamente encuadrado por el marco de una ventana, lo que nos remite a un cuadro. Y hubiera sido muy bueno que, cuando Dios habla, al final de la obra, lo hubiera hecho sin asomarse, conservando la incógnita de su rostro, porque con las apariciones interrumpe el ritmo del parlamento, parlamento muy importante por cierto en el contexto ideológico-filosófico de la obra, y porque al hacer visible su rostro, lo humaniza quitándole la condición Divina.
Dios le recuerda a Job que Él creó el Universo, que Él es el único que da y que quita; en una palabra, le dice a Job que los hombres somos sus títeres, sus marionetas y que Él y sólo Él maneja los hilos.
Y es justamente esa revelación soberbia de Dios la que provoca la rebelión de Job cuando, manejando la moto con Jésica como pasajera, arroja el manubrio, sinécdoque de la moto (símbolo de poder para Job porque él la maneja, porque él la hace avanzar y frenar) y sale raudamente de escena. ¿Abandona la bondad? ¿Abandona a Dios? No lo sabemos, pero son alternativas posibles ya que el final queda totalmente abierto y nos permite, a cada uno de los espectadores, dar el cierre de acuerdo a nuestra ideología, a nuestra concepción filosófica de la vida.
La puesta es excelente y la apelación a la tecnología con la proyección del botón de ayuda, botón que termina en medio de la frente de Job, botón identificado con un signo de pregunta, es lo que nos lleva a pensar que Job terminará en rebelión, porque termina con un interrogante y todo aquel que tiene un interrogante se vuelve anticonformista, es decir, revolucionario. ¡Vaya acierto del autor! y ¡Vaya acierto de la puesta, la dirección y los actores!
Director y actores optaron por el humor, y tengo que decir que, para mí, se trató de una elección acertada porque la profundidad de la temática sólo puede ser abordada a través del humor. Un tratamiento carente de humor hubiera resultado tremendamente tedioso.
Poe último, quiero destacar que las actuaciones fueron bastante parejas, pero creo que es justicia decir que Dimas Games tiene un ángel especial que capta la atención del espectador y se impone por sobre los demás actores.
A todos ustedes, Sergio, Mario, Jorge, Javier, Mónica, Leandro, Verónica, Marcelo, Ernesto, Dimas, Lucas y Paco, gracias, muchas gracias por el hermoso momento que me permitieron vivir.
José Luis Bigi

jueves, 21 de julio de 2011

VALOR AGREGADO

Dramaturgia: Tomás Gianola y Gabriel Andrés Pérez; En Escena: Tomás Gianola y Gabriel Andrés Pérez; Música Original: Clara Presta; Vestuario: Yohana Pereyra; Fotografía-Gráfica: Rosario Gianola; Producción y Operación Técnica: Sebastián Javier Pellegrini Ortega; Puesta en Escena: Tomás Gianola y Gabriel Andrés Pérez. Teatro La Cochera, Ciclo F.E.A.Te.C. 2011

Cuando entramos a la sala, nos encontramos con un modesto taller de zapatería, de esos que, hasta hace 20 años abundaban en Argentina y que hoy, con el "compre-use-tire-vuelva a comprar" que se ha instalado en el mundo, practicamente han desaparecido. En el taller, Leonardo (G.A.Pérez), descalzo y con el torso desnudo, está realizando la rutina que se puede realizar en un taller de compostura de calzado. Leonardo no pasa desapercibido pero tampoco llama la atención, es un zapatero arreglando un par de sandalias rojas. Y entra Esteban (T.Gianola) de un modo torpe, llamanto tremendamente la atención. Viene cansado, maldormido, malhumorado. Pero Leonardo permanece impasible; sí, se conocen, y muy bien. Tan bien se conocen que ni siquiera necesitan mirarse para saber lo que está haciendo el otro.
Leonardo se viste como para ir a comprar repuestos; Esteban revisa y hace cuentas con una calculadora de hace más de 20 años que funciona porque Leonardo la conecta. Y la conecta porque conoce el funcionamiento del taller; ha trabajado durante años en él.
Y cuando Leonardo le pide plata a Esteban para ir a comprar una plancha para zuelas, éste le dice que la saque del bolsillo, es decir que Leonardo mete la mano en el bolsillo delantero de Esteban, accion que, por el modo de uno en el meter la mano en la intimidad del pantalón y del otro de no acusar recibo, suponemos que es cotidiana, muy cotidiana, cómplice.
Y cuando Leonardo ha partido, Esteban, en soledad, toma una caja que sabemos contiene cosas muy importantes para él por el modo en que, cuando Leonardo quiso tocarla, Esteban reaccionó: ¡No, esa no!
La caja contiene zapatos de mujer, y a cada par que Esteban saca, le asigna un nombre. ¿Han sido novias? ¿Amores? ¿Experiencias sexuales? No lo sabemos, pero vemos que al último par, el de sandalias negras con taco, no le asigna nombre, las calza y empieza a caminar trastabillando, sin saber cómo caminar con tacos, pero a medida que avanza en el caminar, se yergue y termina caminando con soltura, con dominio de los tacos.
El café se quema, Esteban se quema; Leonardo no le da importancia, se limita a limpiar la carpeta con un repasador percudido, muy percudido, muy usado. ¿Acaso la relación de Esteban y Leonardo no es una relación percudida, reiterativa, muy usada? Leonardo tiene que irse, pero no se va; Esteban le busca pieza en los clasificados, pero no encuentra; Leonardo dice que, como decía el padre de Esteban, si uno se cae oche veces, se levanta nueve; Esteban le pide de modo imperativo que olvide al padre; Leonardo y Esteban se conocen desde siempre, crecieron juntos, uno como empleado, el otro como hijo del dueño, pero ambos de la misma edad, ambos con el mismo sentimiento que mientras vivìa el padre podían obviar pero que ahora, en el presente de la obra, podrían enfrentar y no se animan, ambos gritando la soledad, la necesidad de tocar, de ser tocado. ¿Qué es si no el clamor de Esteban gritando ¡Tocame, tocame!? ¿Y qué es si no el clamor silencioso de Leonardo cuando se desnuda sobre la mesa de Esteban con el cuerpo temblando por la angustia del "por favor, vení, tocame"? ¿Y qué es si no la finta de lucha cuando Leonardo quiere entregarle el maletín al viejo y Esteban se lo impide argumentando que está cerrado?
La escena final, cuando Leonardo, cambiado, dice que se va, que no sabe a dónde, que no sabe con quién; cuando Esteban le pregunta, le repregunta por tercera o cuarta vez, ¿te vas? y Leonardo contesta , y se va, nosotros, espectadores, nos preguntamos ¿por qué Leonardo no le pregunta querés que me quede?, para que Esteban le diga sí. Porque la obra es un grito desesperado de soledad, dos soledades cuyos motivos podemos suponer, pero que en la obra no se dan, soledad que deberán cargar de modo atávico Esteban y Leonardo.
El texto y la estética de la puesta son un excelente mix de teatro del absurdo con grotesco. Nos reímos a lo largo de la obra, los diálogos, por momentos, son incoherentes, absurdos, obvios, y por eso, muy graciosos. Pero cuando salimos de la sala, cuando yo salí de la sala, lo hice con un sabor agridulce en el alma; dulce porque había presenciado un excelente trabajo; agrio porque me hicieron vivir la soledad inherente del ser humano. Entonces entendí el título, Valor Agregado, eso que tenemos que añadir a las cosas naturales para ser completadas como un bien. Ese valor que tanto nos cuesta agregar-nos para estar bien, para vivir bien; ese valor que no-nos-agregamos y que, por eso, padecemos la inherente soledad del ser humano.
José Luis Bigi

martes, 28 de junio de 2011

UN LUGAR EN LAS NUBES, de Claney English y Guy Holland

Ella: Cora Ferro; Él: Luis Moya; Traducción: Larry silberman; Música Original: Rob Lee; Vestuario: Alejandro Mateo; Diseño de Producción Original: Quicksilver Theatre de Londres; Asesor Técnico: Silvio Massimo; Promoción y Asistencia Técnica: Cecilia González; Asistencia de Dirección y Producción Ejecutiva: Cora Ferro; Adaptación y Dirección: Jorge Ferro. Sala: Ciudad de las Artes; sábados y domingos de junio.

La sala está vacía, sólo hay una mesa en medio del escenario. Repentinamente, por la puerta opuesta a la que el público ingresó a la sala, se oyen gritos: Es acá; No, no es acá; Sí, es acá; Te digo que no es acá; Y yo te digo que sí es acá..... Y entran la actriz y el actor, Cora y Luis, empleados de una empresa dedicada al traslado y entrega de encomiendas. Traen una caja que dejan sobre la mesa. A partir de ahí, empieza el juego. Ella quiere contar el cuento de Caperucita Roja; él, el de Blanca Nieves y los Siete Enanitos. Y los cuentan, ambos, al mismo tiempo, superponiendo parlamentos y acciones con los objetos, elementos de descarte como trozos de género, cajas vacías, rollos de cartón que fueron centro de rollos de papeles de cocina o de telas en mercerías, papeles metalizados, etc. Y lo curioso y divertido es que valiéndose de esos elementos de descarte, los van transformando en personajes con vida teatral real. Así, broches de ropa son patos o un centro de rollo de papel de cocina es Blanca Nieves en algunos momentos y una torre en otros. Y, a pesar de la superposición de parlamentos, ambos cuentos son perfectamente contados, ¡y hasta se complementan para crear un nuevo cuento!
El público infantil participa de la acción, pero lo hace de modo espontáneo; nunca de manera compulsiva e histérica inducida por los actores (recurso, por otra parte, muy utilizado en el teatro infantil, especialmente en el teatro de títeres, y muy aborrecido por quien escribe este comentario). Por eso puedo afirmar que la participación espontánea del público infantil indica que éste, el público infantil a quien está dirigida la acción, es atrapada por la historia y por los empleados de la empresa de encomiendas, por Cora y Luis.
En este momento en que la niñez tiene como objetos de juego muñecas Barbi, Play Station, y tantos otros formatos ya programados, resulta altamente saludable que un par de actores muestre que, con materiales de descarte, se pueden crear objetos de juego y darles vida propia. Porque ¿quién duda que el broche de la ropa es un pato?, nadie, porque la imaginación y el juego le dieron dimensión de pato; entonces, ES un pato.
Pero lo que más me sorprendió, y realmente de manera muy grata, es el tratamiento que se le da a la muerte. La niña busca al abuelo en su dormitorio, pero la luz está apagada. Es que el abuelo ya no está en su dormitorio sino que está en el Universo. La niña, a través de un puente de plata (una cinta de embalaje) llega al inmenso Universo y allí se encuentra con el abuelo quien le dice que a partir de ese momento, el Universo será su morada. La niña, sorprendida, lo interroga: ¿Entonces no te voy a ver más, abuelo?,y éste le responde: Cuando me busques, mirá a las estrellas. Yo estaré allí, y así podremos vernos y estar juntos. Pero la niña, curiosa y analítica, pregunta: ¿Y si el día está nublado?, a lo que el abuelo responde, con palabras que no recuerdo exactamente (literalmente) pero que puedo sintetizar en su concepto: Entonces mirate el corazón, porque yo siempre estaré en tu corazón y vos siempre en el mío.
Debo confesar que nunca había visto un enfoque tan tierno, tan poético y tan inteligente del desgarro que significa la muerte de un abuelo para un niño. Y sin ninguna duda puedo afirmar que ésto, el tratamiento poético y natural de la muerte, dirigida a los niños, hace de Un Lugar entre las Nubes un excelente espectáculo. Si tienen posibilidad de ver esta obra de teatro que ofrece Grupo 55 Teatro, no desaprovechen  la oportunidad; se los advertí.
José Luis Bigi

domingo, 19 de junio de 2011

PALOMA SIN VACILO Con... cierta payasa; por Las PerezCorrea

En escena: Laura Ortiz; Dirección: Julieta Daga; Iluminación: Sergio Salicas; Vestuario: José Quintero; Acompañamiento musical: Julieta Daga o Guillermo Villanueva; Diseño: Juan Manuel Colombato; Sala: La Luna,sábados de junio y julio.

La sala, cuando ingresamos, es una mezcla de teatro tradicional y café concert. El público se ubica en gradas, pero también en mesas donde brilla una vela, donde se puede consumir un trago, un café o un té. Y el espacio destinado a la actuación está vacío, completamente vacío, a excepción de una alfombrita redonda.
En un momento, las meseras apagan las velas y retiran las botellas portavelas. Y nosotros, los espectadores, que habíamos estado hablando como se habla en un bar cualquiera, entendemos la señal y hacemos automáticamente silencio. El unipersonal empezó.
Laura Ortiz, la actriz, entra, sale, vuelve a entrar, amaga quedarse, vuelve a irse, tropieza en la puerta, es torpe, es indecisa, parece no saber si realmente debe entrar o todavía no es el tiempo de actuar. Hasta que entra, primero con una lámpara de pie y después con una banqueta. Esa acción despierta la risa del público, pero también acapara su atención.
Y el personaje dice No sé, A lo mejor, Quién sabe. Ahí está el meollo del espectáculo, espectáculo que, hay que reconocerlo, es un verdadero poema; un poema, en verso y rimado, que es Laura, Laura Ortiz, la actriz. Porque Laura no interpreta su personaje, lo vive, y por eso nosotros, los espectadores, nos entregamos y vivimos lo que ocurre en escena. ¡Qué entrega la de Laura! ¡Qué placer el de los espectadores!
La actriz demuestra que es un verdadero clown, porque provoca la risa del espectador, interactúa con él, pero durante todo el tiempo que dura su actuación, nos muestra una actuación tragicómica, muy pero muy jocosa pero también muy pero muy tierna. ¡Y profunda! Porque el canto a la libertad que nos transmite a través de su actuación como así también a través de breves parlamentos: El que no ha nacido no puede volar; el que no vuela no puede nacer" es total: la Vida es el Volar.
La paloma del título; la Laura-Paloma del espectáculo, invita a un espectador, al que llama palomo, a acercarse, a entrar al espacio escénico. Y dice todo lo que las palomas hacen con un palomo, que ella, Laura-Paloma no hará, o sí, como por ejemplo poner un huevo e invitar al palomo para que lo empolle. Y ahí, en esa simple invitación a empollar, aparece el primer significante del signo "Igualdad-Libertad-Respeto" que Paloma sin Vacilo tan poeticamente nos ofrece. Y digo el primer significante porque después está el juego del casarse uno con uno o una con una o uno con una o uno con uno y con una o...., sí, el signo "Igualdad-Libertad-Respeto".
Paloma sin Vacilo es un poema teatralizado, un poema dividido en tres estrofas, tres estrofas progresivas: la primera es la paloma y la vida de la paloma; la segunda es la libertad; y la tercera es la educación en libertad y la libertad misma. ¿Acaso hay algo más loable que la educación en libertad, esa metáfora que Laura-Paloma realiza alimentando al huevo, arrojándolo al vacío después para terminar entregándoselo al Palomo? Porque para nuesra tradición judeo-cristiana la educación de la mujer es competencia de la madre y la del varón, del padre y para Laura-Paloma es compartida, de los dos; Porque para nuestra tradición judeo-cristiana la madre es posesión, y para Laura-Paloma es Libertad; porque para nuestra tradición judeo-cristiana el pensar es peligroso y para Laura-Paloma es Libertad; porque para nuestra tradición judeo-cristiana el sexo es tabú y para Laura-Paloma es Libertad.
Paloma sin Vacilo es un espectáculo imperdible, necesario, para teatreros, poetas y gente con sensibilidad.
Gracias Laura, gracias Julieta, gracias Sergio, José, Guillermo y Juan Manuel por ofrecernos este poema teatralizado. Y gracias a Mónica y Graciela, las responsables del teatro La Luna, por organizar, siempre, actividad teatral genuina, teatralmente genuina.
José Luis Bigi

martes, 7 de junio de 2011

DEBAJO DEL SILENCIO, La Convención Teatro

En Escena:Alicia Vissani, Julieta Daga, Laura Ortiz, David Piccotto, Guillermo Baldo; Diseño de Luces / Puesta en Escena: Rafael Rodríguez; Vestuario: Marìa Paula Delprato; Música: Pablo Cáceres; Diseño Gráfico: Liminaresdiseño; Operación Ténica: María Belén Carranza Bertarelli; Asistencia Compositiva: Melina Passadore; Asistencia de Dirección: María Belén Carranza Bertarelli y María Paula Delprato; Dramaturgia: versión libre de Antígona, de Sófocles y de Los Siete contra Tebas, de Esquilo: Daniela Martín; Dirección: Daniela Martín. Sala: Espacio Cirulaxia; mayo y junio.

Debajo del silencio..., así se llama este espectáculo que se presenta durante mayo y junio en el Espacio Cirulaxia; debajo del silencio. ¿Por qué debajo del silencio? Porque es una excelente metáfora del Derecho a la Resistencia, derecho incorporado a nuestra Constitución Nacional de 1994. ¿Y qué es el Derecho a la Resistencia? Es un derecho inmanente a toda sociedad política organizada de rebelarse ante un régimen opresor, aunque éste haya llegado al poder legítimamente, que quebranta las orientaciones políticas del cuerpo electoral que lo escogió para la conducción de su país. Porque cuando en el Estado no hay equilibrio de poderes; cuando las decisiones del Máximo Tribunal de la República sean irrespetadas por el gobierno nacional, se rompe la armonía funcional del Estado, y emerge el derecho que tiene el pueblo de resistir a la opresión o a la tiranía.
Los actores se encuentran encerrados en un círculo, círculo que remite al encierro, pero también a la circularidad de la vida y a la imposibilidad de desobedecer la historia que rige a toda tragedia, sea esta griega o de otro origen. Antígona, recurriendo al Derecho a la Resistencia, insiste en dar sepultura a su hermano Polinices. Creonte, hermano de Yocasta y a cargo de Tebas después de la muerte de Polinices y Etéocles, ha dado la orden de dejar el cadáver de Polinices a la intemperie para que se pudra lentamente e impedir el descanso de su alma. Así Creonte, que había llegado a regir los destinos de Tebas en un todo de acuerdo a la ley (Edipo ha partido al exilio, Yocasta ha muerto y los hijos varones de éstos se han matado entre sí), al negar la sepultura a Polinices, contradice la ley natural dictando un decreto aberrante y, por eso, pagará con la muerte de Hemón, su propio hijo y novio de Antígona.
Y la decisión de Antígona de recurrir al Derecho de Resistencia acompañado de la posición irreductible de Creonte, quien incluso desoye a su hijo cuando éste le suplica que no condene a Antígona, se convierten en una viva metáfora de lo que fuera el enfrentamiento de las Madres de Plaza de Mayo y el gobierno de facto o los democráticos de turno exigiendo "aparición con vida" y el derecho, como Antígona, de dar sepultura a sus cadáveres, enfrentamiento que, lamentáblemente, cesó cuando decidieron levantar las marchas de los jueves para dejar de exigir la aparición con vida o el derecho a dar sepultura a sus muertos para enrolarse a nivel político partidario y pasar a exigir castigo, sólo castigo (dejo expresa constancia que me refiero únicamente al grupo de Madres que lidera Hebe de Bonafini, ya que Madres-Línea Fundadora, que dirige Nora Cortiñas, mantiene el reclamo que diera nacimiento, vida y conocimiento mundial a Madres de Plaza de Mayo manteniendo la universalidad de la causa, causa que, como argentino, me llena de orgullo y solidaridad).
Las actuaciones de David Piccotto, Julieta Daga y Laura Ortiz son realmente excelente porque logran transmitir el espíritu de la tragedia y lo que sus personajes van viviendo. Pero no entiendo por qué Daniela le dio a Alicia Vissani, una actriz que ha demostrado sobradamente su excelencia istriónica, el rol de Polinices. Alicia es una actriz con fuerte presencia escénica y una fortaleza que se han puesto de manifiesto en los distintos roles que ha encarado, pero esa presencia y esa fuerza no le alcanzaron para encarar a Polinices al mismo nivel de David, Julieta y Laura. Y esto, según mi entender, fue un error de dirección. Pero Daniela tiene el derecho de equivocarse porque ha demostrado, ¡y con creces!, que es una excelente dramaturga y directora, y una cabal conocedora del teatro griego de la antigüedad.
Tampoco Guillermo Baldo estuvo al nivel de los otros actores, pero creo que, fundamentalmente, porque utiliza un volumen de voz tan bajo que no es audible para el espectador, y esto hace que sus intervenciones pasen casi desapercibidas.
A todos ustedes, Alicia, David, Julieta, Laura, Guillermo y Daniela, como así también a los responsables de luces y sonido, gracias, muchas gracias. Pasé un momento muy agradable.
José Luis Bigi

sábado, 21 de mayo de 2011

EL PRECISO INSTANTE PARA NO SER AMADO, de Diego Aramburo

En Escena: Pablo Martella, Eugenia Hadandoniou, Matías Etchezar, Maximiliano Gallo, Diana Lerma, Analía Juan, Lisandro March, Luciana Sgró Ruata y Belén Castillo; Texto: Diego Aramburo; Diseño Escenográfico y de Iluminación: Emilio Díaz Abregú y Diego Aramburo; Diseño de Arte: Natacha Chauderlot, Luciana Sgró Ruata, Andrés Astudillo; Imágenes: Natacha Chauderlot y Luciana Sgró Ruata; Diseño: Lucas Chami; Arreglos vocales y musicales: Matías Etchezar; Asistencia de Dirección: Matías Etchezar y Eugenia Hadandoniou; Asistencia de Grupo: Verónica Paz; Producción General: Sr. Barbijo Presenta; Concepción Escénica y Dirección: Diego Aramburo. Sala: DocumentA/EscénicA, viernes de mayo y junio.

The world ended when she left (you/me/him)..,  Holy Sprit is in my soul /  Jesus love is in my soul..., he aquí el quid de El preciso instante para no ser amado. ¿Por qué en inglés? Porque el contenido, el meollo de este hecho teatral se da a través de canciones, todas ellas cantadas en ese idioma.
Cuando los espectadores estábamos esperando para ingresar a la sala, los actores ingresaron al hall de entrada y, sin dirigirnos palabras ni miradas, ejecutaron un tema musical muy rítmico, muy pegadizo y muy fuerte, pero cuya letra no fue posible escuchar por la música fuerte en un espacio muy chico y por el bochinche nuestro, de los espectadores. Además, cantaban en inglés. Y cuando el tema hubo terminado, los actores, así como habían ingresado, salieron y se dirigieron a la sala teatral. Y nosotros, como aceptando la implícita invitación, los seguimos y, como los actores, nos fuimos acomodando cada uno en nuestro lugar.
Al entrar a la sala leímos en el piso dos direcciones, una en calle Poeta Lugones y otra en boulevard Chacabuco, directa referencia de que la acción transcurre en Córdoba; y ambas direcciones eran seguidas por el adjetivo "sola". Y, sobre la pared del fondo del escenario, con luces, se reproducía lo escrito en proscenio, en el piso. El ámbito escenico se destaca por estar atestado de sal, sal gruesa, sal que se utiliza para secar, para conservar la carne, referencia a los saladeros del Siglo XIX, implicando a nivel semántico que la acción tiene lugar físico pero no referente temporal. Aunque el episodio mostrado en escena sí tiene referente temporal, el hombre está detenido en un semáforo en el que un artista argentino "va a sacar las pelotitas, va a hacer malabares y va a pedir dinero", semáforo en el que un niño primero y dos después "van a venir a limpiar el parabrisas y van a pedir dinero". Y cuando el personaje, primero con su nena y después sin la nena y metiendo la mano debajo de la falda de una mujer hermosa, manifiesta vocal y gestualmente que el actor argentino y los niños menesterosos llegan, la acción cambia y nadie llega. Esto nos lleva a interrogarnos, ¿realmente espera algo?, ¿espera a alguien? Y al final de la obra entendemos que el personaje pasa toda una vida esperando ese algo, ese alguien, y que nunca llegan porque espera lo material, lo mundano. Lo que finalmente llega es la espiritualidad; el personaje repite, mirando con éxtasis hacia adelante y hacia arriba (hacia el cielo) varias veces "Ahí está, es él, es él, es él... " y el coro empieza a cantar con ritmo de "spiritual": Holy Spirit es in my soul / Jesus love is in my soul...
La puesta fue resuelta con inteligencia, con la estructura de la tragedia griega pero decididamente con la estética Siglo XXI, un corifeo y el coro (estructura griega en donde el coro calza botitas con tacos muy altos, remitiéndonos al los coturnos), acompañados de un grupo musical compuesto por batería, bajo y cantante (el toque Siglo XXI). Y en ese contexto de tragedia griega, director y actores nos presentan un "Gospel", una verdad evangélica, temática de absoluta actualidad.
Debo decir que, más allá de que uno comparta o no el planteo ideológico-religioso-espiritual (yo no lo comparto), El preciso instante para no ser amado, es un texto excelente y que lo que vimos en DocumentA/EscénicA fue un trabajo impecable con excelentes actuaciones, excelente ritmo, voces que realmente sorprenden al espectador, un perfecto planteo y manejo de la música y la iluminación y la elocuencia de la ambientación escenográfica. Por lo menos, eso es lo que me ocurrió. Y tan excelente es el trabajo que se presenta en la sala de calle Lima, que me atrevo a decir que es un imperativo cagegórico ver El preciso instante para no ser amado para todo aquel que sienta el placer estético que los buenos hechos teatrales pueden producirnos. Y, para no alejarme del meollo temático, afirmo: No ver este espectáculo es un pecado.
A todos los que hicieron posible El preciso instante para no ser amado, gracias, muchas gracias.
José Luis Bigi

lunes, 16 de mayo de 2011

COMEDIA CORDOBESA, de Gonzalo Marull

En Escena: Valentina Calvimonte, Franco Cuello, Pablo Martella y Jorge Monteagudo; Realización de Utilería: Cecilia Astini; Diseño y Operación de Luces: Emilio Díaz Abregú; Diseño Gráfico: Florencia De Lorenzi; Secretaria Ejecutiva: Natalia Di Cienzo; Asistente de Dirección: Romina Ise: Dirección: Gonzalo Marull. Sala: DocumentA/EscénicA; sábados de mayo y junio.

Cuando estoy frente a un hecho teatral, nunca permanezco indiferente, y esto es así porque yo, en tanto persona, me encuentro inmerso en, rodeado por, un mondo de personas y objetos; vivo con ellos. Y ese mundo de personas y objetos no me resulta indiferente, tiene un "algo" muy peculiar, un determinado acento o particularidad distintiva que las hacen ser, para mí, mejores o peores; buenas o malas; justas o injustas; bellas o feas; santas o profanas; útiles o inútiles; es decir que ante un hecho teatral hay, para mí, una gradación de valores o, dicho desde el punto de vista de la filosofía, una apreciación axiológica (del griego axeión = valor).
¿Por qué esta introducción al abordar el hecho teatral Comedia Cordobesa, de Gonzalo Marull? Porque Gonzalo, en el programa de mano y en una nota realizada por Beatriz Molinari aparecida en La Voz del Interior el viernes 29 de abril, manifiesta que se ha apropiado, que ha realizado un "palimpesto" (del griego palim = nuevamente, y pséstos = raspado) de la relación amor-odio que Thomas Bernhard (1931-1989) tenía con respecto a su Viena natal. Y Gonzalo, en la nota realizada por Beatriz Molinari manifiesta: "Entonces pensé que me pasa lo mismo con Córdoba, con su teatro, con sus políticos".
Y el contenido axiológico que Gonzalo Marull asigna a su texto Comedia Cordobesa queda evidenciado en la cita textual de Thomas Bernhard: Las calamidades siempre las provoca la masa enfervorizada que aplaude. Todos los horrores provienen de los aplausos." ¡Qué similitud con aquel parlamento que el doctor Stockman dice en Un Enemigo del Pueblo, de Ibsen: Las mayorías nunca tienen razón; es más, siempre están equivocadas."
Gonzalo Marull, el autor, nos plantea dos situaciones diferentes pero que se dan sin corte. En la primera muestra la realidad que vivimos los cordobeses; funcionarios gubernamentales que invierten cifras significativas para contratar directores de Buenos Aires, quienes vienen, casi siempre, evidenciando un desprecio o desjerarquización del teatro que se hace en el interior. Es lo que solemos decir, en la jerga teatral, "vienen ha hacer un choreo". Pero ese choreo obedece a la sumisión genuflexa de nuestros funcionarios teatrales de turno.
El director contratado no sabe qué traer, tampoco le importa. Pero se contacta con un autor local, Marull, quien lo convence de que Córdoba es una comedia, una comedia que se va mostrando a través de un ingenioso juego con tomates.
En la segunda parte, con la aparación de un cuarto personaje hilarante, el espectáculo cobra un ritmo mucho más josoco. Y lo hace para mostrar, a través de un programa de juegos que se emite por TV, a tres políticos, tres candidatos que no solo banalizan la política participando de ese tipo de programas, sino que, además, muestran que son capaces de cualquier cosa, incluso entrar a un tonel lleno de bosta de vaca fresca, con tal de obtener un voto. Y, para mi gusto, si no se los hubiera identificado (Spaghetti, Giacomo y Agua) con tres referentes tan cercanos, la obra hubiese ganado en significación porque hubiera alcanzado el valor axiológico absoluto: los políticos, aquí y en cualquier lugar del mundo, son así. Pero Gonzalo Marull decidió identificarlos con nuestros políticos locales y en este momento particular de la historia, y yo sostengo que los espectadores podemos manifestar qué nos hubiera gustado, qué hubiéramos preferido, pero que el autor es el único dueño y responsable de su obra.
Porque pasé un momento realmente agradable, voy a volver a ver Comedia Cordobesa (y confieso que no soy masoquista, que sólo repito o rehago aquellas acciones que me gustan); a pesar de que, en esta oportunidad, el autor devoró al director, riesgo que generalmente se corre cuando autor y director son la misma persona. Quizá un poco más de juego escénico y no tanta sujeción al texto hubieran sido saludables.
José Luis Bigi